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Para que mi familia supiera de
él, fue muy breve una tarde le conté que nos habíamos mudado de casa, era más
pequeña pues solo era para mi mama y para mí. Teníamos la manía de hablar en la
calle. Hablábamos mucho de cualquier cosa, tanto fue que terminamos hablando de
religión, policita, aliens, etc…
me gustaba hablar con él. Pero una tarde que nos encontrábamos en la calle le dije
que pasáramos a la casa, que me disculpara el desorden pues aún estábamos acomodando
las cosas. Y el de manera relajada dijo que sí. Pues fue así como entro la primera
vez a mí a casa. No recuerdo que fue lo que paso con exactitud esa tarde. Solo
que fue una de tantas. Algunas tardes llegábamos con ganas y nos las quitábamos.
Los gemidos, el golpetear de las pieles, en como hacíamos el amor. (Era cosa deliciosa).
Recuerdo una de las veces que lo hicimos en la sala, comenzamos, en el cuarto y
terminamos en la sala. Me logro levantar de las piernas y yo aferrada a su
cuello y hombros, la manera salvaje y despiadada en que me penetraba era fantástica.
Cada gemido de placer, cada beso más deseado que el anterior ya cuando no podíamos
más íbamos hacia el sofá donde fue testigo más de una vez de las tardes de
placer, ni hablar de mi cama, mis piernas en su cuello, en su cintura, el encima
de mi o yo encima de él. El encantado por la manera en que mis gemidos salían de
mi boca, mas de una intente taparlos con una cobija o una almohada y las
quitaba todas, cuando llegaba ese punto dentro de mi cuando mi espalada se arqueaba
de tanto placer y para no gemir muy duro llegaba ataparme con una mano las
cuales eran retiradas pues le gustaba verme y escuchar como yo sentía tanto
placer. Ero el juego previo era lo que me hacía en colóqueciera, el cómo tocaba
mi cuerpo, besos en mi cuello bajaba hacia mis senos, lamia cada pezón con tanto
furor, deseo, que mi espalda ser arqueaba, con sus manos tocaba mi cintura, mis
caderas, llegaba a mis glúteos y los apretaba y de ahí se deshacía de toda
prenda que le estorbara para llegar a mi sexo, el cual se apropiaba como si el
fuese el dueño y mi entrepierna contenta dándole la bienvenida, me encantaba
como con su pulgar ingresaba a mi vagina y con sus dedos tocaban el resto de ella,
la manera en que me mojaba era enloquecedor, más de una vez llegue a córreme
solo con sus dedos, tanto era el deseo que le tenia a ese hombre que con sus
dedos me subía al cielo y bajaba al inferno.
Recuerdo kamasutricos tengo muchos, solo que algunos fueron mas marcados que otros.
